La responsabilidad de un administrador no nace del seguro, nace de la ley. El
artículo 236 de la Ley de Sociedades de Capital
establece que los administradores responden frente a la sociedad, frente a los socios y frente a los
acreedores sociales del daño que causen por actos u omisiones contrarios a la ley o a los estatutos,
o por los realizados incumpliendo los deberes inherentes al cargo, siempre que haya intervenido dolo
o culpa.
Y añade tres precisiones que conviene leer despacio. La culpabilidad se presume, salvo prueba en
contrario, cuando el acto es contrario a la ley o a los estatutos. El acuerdo de la junta general
no exonera en ningún caso. Y la responsabilidad alcanza también al administrador de hecho: a
quien ejerce las funciones sin título, con título nulo o extinguido, y a aquel bajo cuyas
instrucciones actúan los administradores formales.
Lo que decide un siniestro de D&O son dos fechas
En esta línea la póliza opera casi siempre por reclamación, no por ocurrencia: lo que activa la
cobertura es cuándo se reclama, no cuándo se tomó la decisión. Eso convierte dos fechas del
condicionado en el parámetro más importante del contrato, por encima del límite.
La primera es la retroactividad: hasta dónde hacia atrás alcanza la cobertura. La segunda es el
periodo de descubrimiento posterior: cuánto tiempo después de terminar el contrato se siguen
admitiendo reclamaciones por hechos de su vigencia.
El artículo 73 de la Ley de Contrato de Seguro admite las dos formas de delimitarlo, con un suelo en
cada una —cobertura posterior no inferior a un año, o retroactividad de al menos un año— y las
califica expresamente de cláusulas limitativas conforme al artículo 3. Eso no es una sutileza
jurídica: significa que deben destacarse de modo especial y ser aceptadas específicamente por
escrito, y que una delimitación temporal escondida en el articulado es discutible.
El momento de mayor riesgo es el cambio de aseguradora. Si la póliza nueva arranca con una
retroactividad más corta que la antigüedad real del cargo, se abre un hueco por el que se cuela
precisamente lo que aún no ha prescrito: la acción de responsabilidad prescribe a los cuatro años.
Por qué a través de una correduría
Como correduría inscrita en el registro de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones con
la clave J0140, New Brokers trabaja por mandato del cliente, no por cuenta de ninguna aseguradora.
En D&O eso importa por un motivo que rara vez se menciona al contratar: el asegurado y el tomador no
son la misma persona. La sociedad paga la prima, pero quien tiene el patrimonio en juego es el
administrador, y sus intereses no siempre coinciden con los de la empresa —de forma muy visible en un
concurso—. Negociar el condicionado mirando a quién protege de verdad cada tramo, y no solo el
precio, es la diferencia entre una póliza que responde y una que se discute.